Lo cierto es que no importa si te gusta o no. La política es parte de la vida en cualquier empresa. Da lo mismo si es una gran empresa o una minúscula. Como líder tienes que reconocer este hecho. Has de aceptar que necesitas aprender a entender y operar en este medio. Puedo compartir contigo que en mi trayectoria he disfrutado de algunas experiencias desagradables, por haber sido, digámoslo así, muy naive (inocentón) al respecto. Y digo disfrutado porque cada experiencia se ha transformado en un valioso aprendizaje.

Así que a lo largo de los años me ha interesado cada vez más el tema. Al principio por pura necesidad. Luego por un interés personal creciente. La política en/de/dentro de las empresas. Es mucho más apasionante de como suena, te lo prometo.

¿Qué tipo de paisaje político encuentras en tu empresa? ¿Uno de estos tres, quizá?

Altamente politizado

Moderadamente politizado

Nada politizado

Altamente politizado.

En este tipo de organizaciones hay rumores y cotilleos a cascoporro. Se respira un fortísimo sentido de competición entre individuos y grupos de individuos. Puede darse tanto de manera abierta como soterrada. Tocarle las narices a cualquier persona relevante en el ‘círculo de influencia’ puede no ser la mejor idea si quieres tener algún futuro en la organización o empresa. En este tipo de empresa, por supuesto que hay unos valores, unas normas y unas reglas bien definidas. Lo que pasa es que raramente se aplican de manera consistente y coherente.

Moderadamente politizado.

Este entorno se da mucho en organizaciones y empresas que crecen muy deprisa y experimentan cambios drásticos de forma constante. Se toman decisiones críticas cada dos por tres, y además se cuestionan muchas de esas decisiones. Se reconoce y recompensa a las personas de acuerdo con los méritos individuales. Por eso los directivos y empleados se ven en la necesidad de buscarse la vida por su cuenta para conseguir 1) sacar su trabajo adelante en condiciones a pesar de las zancadillas y 2) poner en valor sus méritos constantemente para que su progreso profesional no se vea en peligro por los trepa de turno.

Nada politizado. Se da en empresas y departamentos donde todo el mundo se conoce y comen perdices. No tan común como sería deseable. Razones las hay múltiples. El equipo crece. Se pierde la confianza por diferentes intereses. Se desvirtúa la relación cuando una o varias de las partes se siente perjudicada en la relación. Las empresas que mantienen este ambiente poco o nada politizado tienen algo en común. Los directivos de la organización siguen las reglas y solucionan los conflictos mediante diálogo positivo y de buena fe. Hay un alto nivel de respeto y confianza entre los compañeros de trabajo y un fuerte sentimiento de camaradería.

¿Cómo definirías tu propia organización? ¿La ves identificada en alguno de estos tres escenarios o en más de uno? Sea cual sea tu respuesta, no serás una excepción. ¿Me dejas compartir uno de mis aprendizajes sobre cómo podemos manejarnos en un entorno politizado?

Para mí seguramente el escenario ideal es ser políticamente astuto y ético. Desarrollar un alto nivel de conciencia de cuanto ocurre en la empresa, el departamento o el equipo. Entiendes que la política es algo con lo que tienes que vivir y te mueves en este entorno cómodamente. Pero lo haces mientras mantienes tu integridad y credibilidad en cuanto depende de ti. Factible, pero no siempre fácil según tu entorno. Para conseguirlo de un modo ético tienes que actuar de forma inclusiva y actuar en armonía con los valores de la organización. Reconocer y preocuparte sinceramente por lo que los demás quieren y necesitan.

O quizá eres uno de aquellos que saben manipular el sistema, altamente involucrado, que consigue lo que quiere usando las relaciones en tu beneficio. ¿Cuándo fue la última vez que te tropezaste con alguien así? Son los operadores políticos. Y haberlos haylos, créeme. Un grano en sálvese la parte. Egocéntricos, adoran el sonido de su propia voz y buscan la cercanía con el poder por encima de todo. Mientras sonríen y fingen interés personal, en realidad están buscando únicamente conseguir sus objetivos personales y colocarse en posiciones de poder. No harán prisioneros cuando llegue el momento. Si preguntas acerca de ellos, hay todo un historial de cadáveres de compañeros y colaboradores. Suelen quedar muy bien con jefes y ex jefes, pero sus ex compañeros tienen una historia muy diferente que contar. Tienen un éxito tremendo en el corto y medio plazo. Trepan en la escalera rápidamente. Como son verdaderos linces en el trato interpersonal, y tienen una apariencia de ser muy honestos y auténticos, no descubres hasta muy tarde que han estado actuando en interés propio. Tan melosos pero tan destructivos al final. La caída en su caso es mayúscula.

¿Cómo los puedes identificar? Las pistas son inequívocas. Hacen amistades profundísimas con personas en puestos de poder de maneras insana y anti-naturalmente rápidas. Les encanta el juego de tirar la piedra y esconder la mano. Cuando se les sorprende en una conducta poco ética, negarán todo y procurarán acusar a otra persona. Son muy económicos con la información, la dosifican en su propio beneficio. Intentan hacer parecer que están de acuerdo con los demás y se arrogan los méritos por lo que otras personas crean.

No me duelen prendas en confesar que mi problema ha sido tradicionalmente que soy una persona abierta y confiada por naturaleza. Y pese haber trabajado en grandes multinacionales como DANZAS o DHL, nunca me interesó hasta hace unos años la política en las organizaciones. Y eso me ha costado alguna vez haberme visto en algún Juego de Tronos. Por si te lo preguntabas, a esto lo llamo ser políticamente naive (inocente) por supuesto. Dar por sentado que colegas y socios buscan las mismas metas siempre. ¿Alguna vez alguien se ha atribuido tus méritos e ideas? Si eres un líder políticamente naive como yo lo era, seguramente tu intención es crear un entorno sano y productivo para todos en el proyecto.  Seguramente eres de los que cuando tienes una idea genial o un exitazo, tiendes a atribuirlos a tu equipo. Quieres fortalecer a tu gente y tu empresa. ¡Mientras haces eso hay quien cree que eres tonto e internamente sonríe mientras te observa! ¿Te suena de algo? Las buenas noticias son que un líder políticamente naive puede evolucionar hacia el liderazgo políticamente astuto y ético, sin transigir en tus valores centrales, tales como la INTEGRIDAD.

A medida que mi carrera empresarial avanzaba, mi decisión fue que no quería tener nada que ver con la política en las organizaciones con las que me involucraba. Se podría decir que intenté ser políticamente virtuoso. Para mí el rollito político era poco ético y era algo fuera de lugar. No me sentía nada cómodo con ello, así que lo evitaba. ¿Te has sentido así? Como directivo lo único que yo quería hacer era entender las normas existentes, sacar mi trabajo adelante y tener un buen ambiente en la empresa. Es decir, comunicar de manera abierta, hablar las cosas claras, tal y como son. No me funcionó. Cuando tu hablas de manera tan abierta, los políticamente astutos y éticos y peor aún los operadores políticos se te van a merendar enterito. Y da igual cuán duro hayas trabajado, tus niveles de competencia y méritos. Incluso que el proyecto sea tuyo. ¿Recuerdas a algún gran CEO al que se le echó de su propia empresa? El difunto Steve Jobs es solo un ejemplo conocido. Si vuelves la vista atrás, ¿recuerdas haber dejado una empresa o proyecto debido a que el entorno era demasiado politizado y no aguantabas más?

Así que, ¿cuál es el gran aprendizaje, la clave de bóveda? No hay nada infalible. Ser una buena persona, íntegra y coherente no basta. Yo destacaría la conciencia y la voluntad. ¡Ser más consciente de lo que pasa alrededor en tu empresa y en tu entorno. Si no te nace por personalidad, obligarte a identificar y analizar comportamientos y rasgos de conducta, acciones, motivaciones, etc. Aunque no te apetezca lo más mínimo, entender el valor de seguir cuestionando por qué las personas actúan cuando y de la manera que lo hacen.

Y entonces, estar dispuesto a adaptar tu estilo de comunicación a las motivaciones y ‘estilo político’ de las personas en tu entorno. Y no te dejes engañar. Algunas de las personas que son más expresivas en criticar los entornos altamente politizados son en realidad operadores políticos muy avezados con piel de oveja. Así que, ¡adáptate rápido! Cuando estés en el entorno, como se suele decir en liderazgo, se fuerte con el problema y gentil con las personas. Busca sacar lo positivo de cada situación.

Y no peques de exceso de confianza. Pon más esfuerzo en conocer a las personas con las que trabajas. Si hay algo que puedes copiar de los operadores políticos, es el seguir hablando y ESCUCHANDO cuidadosamente lo que HACEN. Ofrece reconocimiento sincero a los demás mejor y más a menudo. Recompensa la confianza y construye sobre el respeto mutuo. Si falta respeto por la otra parte, no sigas construyendo.

Por supuesto, me considero muy lejos de ser un gurú en el tema de la política en la empresa, pero tengo algunas heridas de guerra muy a la vista que hablan sobre mi experiencia en el tema. Y esas heridas cuentan la historia de cómo NO lidiar con la política de las organizaciones. ¿Qué puedes compartir sobre tu propia experiencia?

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Publicado por Nathan Manzaneque -

Connecting talent to opportunity | Inspiring change | Sharing | There's no better legacy than honesty

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